miércoles, 12 de septiembre de 2012

Cristianos podridos de la envidia



El corazón apacible es vida a la carne; mas la envidia, pudrimiento de huesos  Proverbios 14:30

La envidia pudrirá tu razonamiento y arruinará tus relaciones interpersonales.

La envidia es el común denominador que destruye cada amistad. Destruye familias, negocios, iglesias y vecindarios. Fomenta el tipo de mentalidad que dice “yo me lo merezco”. Se alimenta de sospechas y suposiciones. Enciende el chisme y la calumnia. Muchas de las veces se disfraza como espiritualidad.

 Es importante señalar que la envidia NO es tener una meta, un deseo o un sueño.

La envidia NO es desear algo bueno o anhelar algo por el cual hayas trabajado o ahorrado. En cambio, la envidia es el resentimiento de alguien que ya tiene lo que tú quieres. La envidia, por ejemplo, ve a alguien que ha sido bendecido con belleza y dice: “¿Por qué ella y yo no?” La envidia ve a alguien que nació rico o talentoso y se pregunta: “¿Por que él y yo qué?”

Es muy fácil ver los privilegios de otros y pensar: “Deben pasársela bien”.

La envidia no toma en consideración lo duro que otros trabajaron para merecerse lo que tienen o para llegar al puesto que tienen. La envidia no está interesada en los sacrificios que alguien hizo para llegar al lugar donde se encuentra. La envida pudre el razonamiento.

El Filosofo y escritor español Miguel de Unamuno dijo “La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual”.

Cada vez que somos envidiosos entablamos en guerra con Dios. En el fondo, el problema no es la persona a la que le tenemos envidia. Si somos honestos, la envida se molesta por la decisión que Dios tomó de bendecir a alguien más con lo que nosotros queremos.

La envidia es resentirse de la bondad de Dios hacia otros. ¿Sabes por qué? Porque si tú lo tienes, cualquier cosa que sea, es porque Dios te lo dio. Y si otros lo tienen, cualquier cosa que sea, es porque Dios se lo dio a ellos. De manera que si otros lo tienen y tú lo resientes; ¿A quién estás resintiendo? – a Dios. ¿Lo ves? Pero La envidia no comprende eso.

Tendemos a pensar que la envidia no es tan mala como creemos. La realidad es que es bastante dañina y nociva porque nunca está contenta con el simple hecho de sentir celos. ¡No! La envida desenfrenada, literalmente desea que les sucedan cosas malas a otras personas y se regocija en las calamidades de otros. Desea ver a otras personas pisoteadas, y hundidas. No se conforma con sentir celos. La envidia es enfermiza e insensata. La envidia es cruel. Lo peor de todo es que la envidia pudrirá tu razonamiento y arruinará tus relaciones interpersonales.

Autor:  Jorge Cota
Fuentes: Devocionales Cristianos

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